La Plaza de la Iglesia

Más pequeñas o más grandes, delante de las iglesias siempre se encuentra una plaza, zona que a lo largo de munchas generaciones, han sido testigos de actos y celebraciones, momentos de alegría por casamientos, bailes, bautizos etc., pero también de momentos de enorme tristeza cuando un vecino nos dejaba.
La plaza en los años 55-60 era enorme grandiosa, donde los críos muy pequeños de corta edad corrían detrás de una pelota, dos piedras en la pared de la posada de la Pascuala, marcaba una portería la otra entre dos árboles (acacias) cerca de la casa del tío Juil era un inmenso campo de futbol.

Los textos y los dibujos han sido enviados a esta web por Luis Cebrian

Plaza en que se transitaba frecuentemente, mujeres con los cántaros y botijos para ir a buscar agua a la fuente nueva, mujeres fieles que iban a misa, o al rosario, con medias negras, sin escotes y el velo que les cubría casi toda la cabeza, y el rosario entre las manos, mujeres que iban a comprar a casa Victoriano, o bien a comprar carne a la tienda de la Maximina. Hombres que después de comer se iban al café de Joaquín, para enrollar unos cigarros de picadura, que anteriormente habían comprado en el estanco del tío Antonino y hacer unas reñidas partidas de guiñote
Plaza que Pedro Peiro la cruzaba diariamente para tocar las campanas avisando a la población el rosario ó las misas. La abuela Juliana, la Josefina y otras vecinas siempre atentas al revoletear de los pichones jóvenes, de la torre de la iglesia, por si uno de estos caía al vacio, salir rápidamente cogerlo, para meterlo en el puchero. Hombres que después de su trabajo en él campo, acudían a la plaza para conversar, arrimados y apoyados en las paredes de las casas. Y también hablar largo y tendido, con la chaqueta de pana colgando de un hombro, después de la misa mayor de los domingos.
Plaza que en un lateral de la iglesia,( empezando el barrio bajo) venia algunos veranos, un cineasta ambulante colocaba una sábana blanca en la pared y proyectaba con una máquina obsoleta en que la cinta se cortaba varias veces, El Conde de Montecristo) la gente acudía con la silla de la cocina para ver la película a la fresca.
Plaza donde se hacían grandes hogueras, como el día de San Antón, en que los vecinos aportaban la leña, gavillas de sarmientos y algún que otro tronco, y entre este fuego asaban unas patatas, que con unos tragos de buen vino, daban pie a cantar alguna jota para alegrar la fiesta y la noche, y una convivencia, y unión entre los vecinos.
Plaza donde se celebraban bailes para las fiestas, en San Ramón, la banda de músicos de Encinacorba se colocaban junto con sus instrumentos en una esquina de la Iglesia, en frente casa Victoriano, así debajo de una mísera luz, tocaban sin parar paso-dobles, y más pasodobles, la animación era muy rápida en donde, la Castillera, o la María Liborio, ya se cuidaban de animar la tarde.

Había un músico que tocaba de maravilla la trompeta, un pequeño bigote en su cara era motivo para que los mozos decían, hostia como le pega el Bigoticos, abuelas y madres cogían la silla y se sentaban en las orillas de la plaza, para ver como bailaba y se divertía la gente, y al mismo tiempo, chismorrear, y vigilar a sus hijas, con quien bailaban, pero en él fondo de estas, un suspiro profundo recordando y añorando sus años mozos.
Plaza donde a las 11 de la mañana el maestro, abría la puerta de la escuela, para que los alumnos jugaran por la plaza. Puerta de escuela vieja, aburrida y quemada por el sol, sus piezas mal ajustada, agrietada por el paso de los años, en donde desde fuera podías ver por sus ranuras todo lo que pasaba en su interior,
Hoy aquella plaza, larga y grandiosa, pisoteada por los pequeños críos de corta edad jugando al futbol, con pantalones cortos y apedazados, piernas delgaduchas, que cubrían sus pies unos pedugos hechos por la abuela, y calzaban alpargatas ó sandalias, mocos que se los limpiaban con la manga del jersey, críos que cuando teníamos ganas de hacer las necesidades, nos íbamos corriendo, por detrás de la iglesia en una zona llamada el Pozo-labra. Actualmente se han cambiado los términos, la plaza se ha quedado muy pequeña, pero esos críos de 6 ó 7 años hemos crecido y nos hicimos grande si nos hemos hecho mayores, muy mayores.